lunes, 31 de enero de 2011

NORMAS ETICAS PARA LA INVESTIGACIÓN CLÍNICA

(Un excelente ensayo sobre ética en la investigación clínica)

DR. ROBERTO MANCINI RUEDA
Consultor Programa Regional de Bioética, OPS/OMS


Primero me referiré a los antecedentes históricos que han motivado una preocupación ética cada vez mayor respecto de la investigación y los ensayos clínicos en seres humanos, incluyendo Latinoamérica. Y enseguida, veremos los principios éticos generales que son aplicables en estas investigaciones.

I. ANTECEDENTES HISTÓRICOS

Desde tiempos inmemoriales la investigación y la experimentación en seres humanos han formado parte del desarrollo de la medicina. No obstante, por muchos siglos -más precisamente, desde Hipócrates hasta fines del siglo pasado- la investigación clínica se consideró sólo como "fortuita o casual", en la tesis clásica de que "todo acto médico realizado en seres humanos había de tener per se un carácter clínico (diagnóstico o terapéutico) y, por tanto, beneficente y sólo per accidens un carácter investigativo", basado en el principio del doble efecto o del voluntario indirecto (Diego Gracia). De allí que únicamente era aceptado que se realizara en cadáveres, animales y condenados a muerte (seres humanos que "ya eran cadáveres y podían ser redimidos por su colaboración con la ciencia") En esta larga etapa, primó absolutamente el principio ético de la beneficencia.

Ya a mediados del siglo pasado y con mayor claridad a comienzos de este siglo, con precursores tales como Claude Bernard y, más tempranamente aún, Williams Beaumont, se fue estableciendo una forma muy diferente de ver la investigación clínica. Hasta entonces se afirmaba que nada que no fuera clínico (diagnóstico o terapéutico) podía justificarse como experimental, desde ese momento -que coincide con la crisis del conocimiento empírico y el mayor desarrollo del aprendizaje sistematizado en las ciencias de la salud- se comienza a señalar que solamente lo experimentado, lo "validado", tiene aplicación clínica. Por lo tanto "la validación o investigación en seres humanos tiene que ser posible per se y no sólo per accidents" (Diego Gracia) En este período primó el principio de la autonomía, tanto de las personas que deben aceptar la investigación como sujetos de ella, como de los investigadores, que deben tener libertad para experimentar, ya que hasta entonces se creía cerradamente en la "pureza" de las ciencias y los científicos (lo que debían atenerse a los hechos y no a las cuestiones de valor)

Dos tremendos acontecimientos de los años 40: la detonación sobre personas de dos bombas atómicas y las atrocidades llevadas a cabo por médicos en campos de concentración nazis, fueron una exagerada demostración de la equivocación cometida. Los científicos no se autorregularían y la ciencia podía ser "impura".

Este remezón de la conciencia mundial, dio origen, en 1947, al Código de Nuremberg, el primer Código Internacional de Ética para la investigación en seres humanos. De esta forma se inicia formalmente a la ética de la investigación en seres humanos, orientada a impedir toda repetición -por parte de los médicos y los investigadores en general- de violaciones a los derechos y al bienestar de las personas.

El Código de Nuremberg es el documento básico de la ética médica de nuestra época, con un decálogo de reglas que deben cumplirse para experimentar en seres humanos y que pueden agruparse bajo tres conceptos fundamentales:

a) El sujeto de experimentación debe dar un consentimiento voluntario y debe conservar su libertad y poder de autoconservación permanentemente.
b) El experimento debe ser necesario, preparado correctamente, con riesgos muy bajos de producir daño, invalidez o muerte.
c) El investigador debe ser calificado, para no producir daño y poder suspender el experimento en caso de peligro.

Al año siguiente de Nuremberg, en Ginebra se estableció la Promesa del Médico, como una versión moderna del juramento hipocrático, incluyendo "el máximo de respeto por la vida humana" entre sus acápites principales. Ambos textos parecieron ser una sólida respuesta que dio la misma comunidad científica a los dramáticos sucesos vividos durante la segunda guerra mundial.

Sin embargo, estas Declaraciones Internacionales no bastaron para cautelar por los derechos de las personas en el marco de la investigación clínica, por el mero mecanismo de la autorregulación de los médicos. Hay tres proyectos de investigación en seres humanos que se han considerado paradigmáticos al respecto:

- el efectuado en una prestigiosa institución para niños retrasados mentales, en Staten Island, New York, en 1956, donde se infectó deliberadamente con el virus de hepatitis a todos los niños recién ingresados, con el fin de buscar una vacuna y justificados en que todos los menores que habían ingresado anteriormente se habían infectado espontáneamente. En todos los casos los padres o tutores legales habían dado su consentimiento por escrito, pero la investigación posterior (iniciada recién en 1971) determinó que había sido bajo coerción (se les amenazó con no recibirlos en el establecimiento sí se negaban)
- el realizado en el Hospital Judío de Enfermos Crónicos, en Brooklin, Nueva York, en 1963, en que se inyectaron células cancerosas a 22 pacientes ancianos, sin su consentimiento, para descubrir (confirmando estudios anteriores) la capacidad de rechazo de dichas células que pudiesen tener pacientes sin cáncer. Un médico joven que se enteró de esto lo denunció a la justicia, a los investigadores les suspendieron las licencias, pero un tiempo después quedaron excusados y mantenidos bajo vigilancia.
- el efectuado en Tuskegee, Alabama, entre 1932 y 1972 -que seguramente es el más conocido y el que mayores consecuencias trajo- en 200 pacientes de raza negra enfermos de sífilis y a los que no se les informó sobre su enfermedad y, más aún, no se les indicó tratamiento, a pesar de conocerse poco después los beneficios de la penicilina, con el objeto de conocer y comparar el avance de esa enfermedad, con y sin terapia antibiótica. Entre esos años los investigadores publicaron 13 artículos en revistas médicas de prestigio, sin que nadie pusiera una voz de alerta hasta 1972, en que un periodista del New York Times denunció el hecho y sólo así se interrumpió el experimento. La investigación realizada luego por el Departamento de Salud, Educación y Bienestar concluyó que el estudio había sido "injusto éticamente", sin determinar sanciones especiales.

A estos claros ejemplos se sumó el de la Talidomida, en 1962, que llevó a los principales organismos dedicados al control de medicamentos (entre ellos la FDA estadounidense) a tomar medidas serias para regular más estrictamente la investigación clínica, superando la tesis de la autorregulación como suficiente.

En el ámbito de los compromisos internacionales, en 1964, la 18ª Asamblea de la Asociación Médica Mundial adoptó la Declaración de Helsinki, cuya revisión más reciente tuvo lugar en 1989 (en la 41ª Asamblea, realizada en Hong Kong) que define pautas éticas para la investigación en seres humanos. Esta Declaración, con sus modificaciones posteriores, constituyó el cuerpo básico de principios que fueron incorporados desde entonces a las numerosas Normas de Investigación que han surgido en los diferentes ámbitos de la investigación biomédica, con particularidades definidas por las realidades locales de los países donde son aplicadas o de las áreas científicas involucradas en la investigación, pero sin soslayar en ninguna de ellas los principios básicos contenidos en dicha Declaración y que incluyen los siguientes, de forma resumida:

a) La investigación debe responder a un diseño científico y contar con experiencias previas en animales.
b) Debe responder al principio de la proporcionalidad y considerar los riesgos predecibles, en relación con los beneficios posibles.
c) Debe respetarse el derecho del ser humano sujeto de investigación, debiendo prevalecer su interés por sobre los intereses de la ciencia y de la sociedad.
d) Debe obtenerse un consentimiento informado y respetarse la libertad del individuo en cualquier momento del estudio.

En la actualidad dicha Declaración está siendo revisada nuevamente, considerando los nuevos progresos en biotecnología que llevan a introducir otros criterios de protección de los derechos de las personas concordantes con dichos avances, y para subsanar los contrasentidos contenidos en ella, como la sabida distinción entre investigaciones clínicas y no clínicas, que seguramente será eliminada.

En 1966 el Departamento de Salud de Estados Unidos determinó ciertos principios que debían regular las investigaciones en seres humanos para obtener fondos públicos y el mismo año la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó el Pacto Internacional sobre Derechos Civiles y Políticos donde se estipula que: "...., nadie será sometido sin su libre consentimiento a experimentos médicos o científicos". Es a través de esta declaración que la sociedad expresa el valor humano fundamental que ha de regir toda investigación en seres humanos: la protección de los derechos y el bienestar de todos los seres humanos que son objeto de experimentación científica, estableciéndose gradualmente la doctrina del consentimiento libre e informado, basado en la autonomía de las personas.

También en 1966, a través del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, las Naciones Unidas determinaron: "el compromiso del Estado, de respetar la indispensable libertad para la investigación científica y para la actividad creadora. Con esto, se buscaba preservar la iniciativa científica, que podría verse restringida por todos los acuerdos adoptados precedentemente.

Durante la década de los sesenta siguieron publicándose numerosos casos de investigaciones contrarias a la ética, en recién nacidos, niños, ancianos, embarazadas, deficientes mentales, psicóticos y moribundos. Se agudizaron las medidas de control al concluirse que "el sistema de salvaguarda voluntaria de los derechos de los pacientes ha fracasado y ahora son absolutamente necesarias medidas legislativas" (Pappworth, 1967) y se recomendaba la revisión previa de los protocolos, el control periódico de la investigación y la información inmediata a los afectados de cada daño o complicación.

Luego de conocer en detalle lo ocurrido en Tuskegee, en 1974, el Congreso de Estados Unidos aprobó la "National Research Act", por la que se creó la National Commision for the Protection of Human Subjects of Biomedical and Behavioral Research", que en cuatro años de labor definió la existencia obligatoria de un Ethical Advisory Board (el primer Comité de Ética de la Investigación formalizado legalmente) y dio bases para la publicación, en 1978, del Belmont Report: Este Informe propuso como principios fundamentales en la investigación en seres humanos: el respeto a las personas, el principio de beneficencia y el de justicia. Las aplicaciones prácticas son el consentimiento informado, el balance entre beneficios y riesgos y la selección equitativa de los sujetos de experimentación.

En 1982, considerando las circunstancias especiales de los países en desarrollo, con respecto a la aplicabilidad de las Declaraciones Internacionales y las Normativas nacionales (principalmente estadounidenses) que se han mencionado, el Consejo de las Organizaciones Internacionales de las Ciencias Médicas (CIOMS) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) revisaron esta materia y publicaron las Pautas Internacionales Propuestas para la Investigación Biomédica en Seres Humanos. El objetivo de dichas Pautas era señalar cómo "aplicar en forma eficaz los principios éticos que deben regir la ejecución de la investigación biomédica en seres humanos, especialmente en los países en desarrollo, dadas sus circunstancias socioeconómicas, leyes y reglamentos y sus disposiciones ejecutivas y administrativas".

Tres años después, en 1985, la Organización Panamericana de la Salud acogió y adaptó a la realidad de las Américas las Pautas de la OMS, estableciendo Normas para la Investigación en Seres Humanos que han servido de base para las diversas normativas y reglamentos que al respecto comienzan a surgir en nuestros países. Tanto estas Pautas como las de CIOMS también están en un proceso de revisión, ya que desde su promulgación, hace 15 años, son evidentes los cambios que se han producido y que, por lo tanto, no fueron considerados en esa oportunidad.

En 1997 el Consejo de Europa emitió una declaración y una normativa que protegen los derechos de las personas que se someten voluntariamente a ensayos clínicos, con especial énfasis en el consentimiento informado y la idoneidad de los investigadores.

También en 1997 se llevó a cabo la Conferencia Internacional de Armonización para las Buenas Prácticas Médicas, que reunió a investigadores, empresas farmacéuticas y de investigación biológica y representantes de Gobiernos, de la Unión Europea, Estados Unidos, Japón y otros países, que en conjunto con la Organización Mundial de la Salud definieron estándares para los protocolos de investigación y para su adecuado control ético por los organismos pertinentes. Recién en mayo de este año se ha efectuado, en Buenos Aires, la reunión preparatoria de la II Conferencia Panamericana sobre Armonización Farmacéutica. Grupo Buenas Prácticas Médicas, que tiene el mismo objetivo del grupo mundial.

A fines de 1997, la 29ª Asamblea General de la UNESCO aprobó la Declaración Universal sobre el Genoma Humano y los Derechos Humanos, en la que se enfatiza el respaldo a todas las Declaraciones anteriores y se establece la perentoria necesidad de mecanismos regulatorios y de control en los países para las investigaciones en seres humanos, dando especial importancia a la creación de redes de comités de ética independientes que deben velar por su cumplimiento.
Situación en Latinoamérica

Un estudio realizado en 1994 por el Dr. Patricio Figueroa del Instituto Kennedy de Bioética, demuestra que la investigación biomédica en América Latina y el Caribe es muy escasa, tanto en cantidad como en calidad. En términos cuantitativos monetarios representa menos del 1% del PIB, más de la mitad de los artículos son publicados sólo en revistas nacionales, hay varios países que no publican ninguna revista que aparezca en los Index internacionales (Lilacs, Medline) Los esfuerzos de investigación se concentran en cinco países (México, Brasil, Argentina, Chile y Venezuela) con casi un 80% del total de proyectos de la Región.

Al revisar los aspectos éticos de las investigaciones en Latinoamérica, se aprecia que no se cumplen las premisas básicas para obtener el consentimiento informado en la mayoría de los casos y no hay Comités de Etica de la Investigación independientes que revisen los protocolos.

Valga citar como ejemplo de lo anterior un estudio efectuado en 1997 la Universidad Católica, que cuenta con un Comité de Etica de la Investigación desde 1976, encargado de evaluar los aspectos éticos y metodológicos de toda investigación realizada por los académicos de dicha institución. Esto permitiría suponer que en esa casa de estudios existe una mayor cultura ética y bioética que en otras instituciones con Comités de Etica de más reciente creación. Sin embargo, en el estudio mencionado se detectó que un 50% de los 40 protocolos analizados no cumplían con requisitos éticos básicos (de consentimiento informado comprensible (9), de diseño adecuado del estudio en cuanto a grupo control o uso de placebo (10) o de proporcionalidad riesgo/beneficio (1)).

En un estudio efectuado en 1999, por el Programa Regional de Bioética de OPS/OMS, se aplicó una encuesta a todos los Organismos de Ciencias y Tecnología de las Américas (ONCYT) que demostró la inexistencia de comités de ética propios que evalúen las investigaciones que les son presentadas para financiamiento, basando su decisión en el informe de comités de ética externos que no siempre tienen una acreditación suficiente. El mismo estudio permitió establecer la existencia de comités de ética nacionales en 8 países y la ausencia total de normativas y comités de ética en 10 países (48% de la muestra). Por último, respecto de la evaluación de protocolos de investigación, en 6 países (29%) no se cumple ese requisito y en los restantes se aprecian serias deficiencias en la evaluación. Este análisis está siendo complementado con una evaluación de lo que ocurre en las instancias académicas y en las publicaciones científicas, con resultados preliminares bastante negativos.

Esta realidad guarda directa relación con el exiguo desarrollo de normativas sobre investigación y experimentación en seres humanos, en la gran mayoría de los países de América Latina y el Caribe. Sólo podría señalarse a Brasil y Cuba como excepciones, con un reglamento claro al respecto desde hace bastante tiempo y que les ha dado muy buenos resultados, manteniéndose en revisión continua y con el respaldo de las más altas autoridades políticas y de salud de esos países.

Solamente en los últimos tres años, en Argentina, Chile, Ecuador y México, se han desarrollado iniciativas similares, pero su breve aplicación no permite aún tener conclusiones sobre la mejoría de los protocolos de investigación en el plano ético. Particularmente en Chile, luego de un largo proceso de análisis multidisciplinario y con participación de numerosas instancias relacionadas, en marzo de este año se editó una Norma Ministerial que modifica algunos aspectos del Código Sanitario, del Reglamento de Servicios de Salud y del Instituto de Salud Pública, introduciendo la revisión ética de los protocolos de investigación en que se efectúan ensayos clínicos con medicamentos en seres humanos. Más adelante les daré a conocer los principales aspectos que regula y que han servido para iniciativas similares surgidas en otros países de la Región.

Por otra parte, al hacer una revisión de las leyes o reglamentos que puedan proteger a las personas en el ámbito latinoamericano, vemos que en general hay Normas Constitucionales que protegen a los ciudadanos, pero solamente como un reconocimiento de diversos derechos que podrían relacionarse directa o indirectamente con el tema de la investigación clínica (por ejemplo, la libertad individual, el derecho de ser informado, de no recibir tratos inhumanos o degradantes, de recibir atención de salud, etc.). Así también, se establece el deber que se le asigna al mismo Estado, de preservar dichos derechos.

Por último, las Normas y Códigos Sanitarios referidos específicamente a investigación en el ámbito de la salud, dan cuenta principalmente de procedimientos administrativos para la importación y el registro de fármacos y otros productos biológicos, de responsabilidades institucionales y de resguardos legales en términos amplios. Pero no se refieren a la regulación ética de las investigaciones, por lo que la mayoría de las veces el único resguardo en ese sentido lo constituye la evaluación que hacen los mismos patrocinantes de la investigación (industria farmacéutica y empresas de investigación biomédica internacionales, y ocasionalmente fondos nacionales o universitarios) a través de informes preparados por Comités de Ética externos que no necesariamente tienen en consideración los requisitos que debería exigir el país donde se va a efectuar el estudio.

En estas circunstancias, son los Comités de Ética Hospitalaria que se han ido constituyendo de manera incipiente en los establecimientos sanitarios de nuestra Región, los que han debido asumir -sin mucha preparación ni experiencia- la evaluación de protocolos de investigación clínica. Esta es una materia de la mayor gravedad para la OPS, ya que son claras las condiciones de extrema vulnerabilidad en que se encuentran nuestros países, tanto por el nivel de pobreza como por el nivel cultural de nuestra población. De allí que, junto con establecer las Pautas Éticas que anteriormente les he citado, se está incentivado el desarrollo de Comités Institucionales orientados específicamente al análisis técnico y ético de los protocolos de investigación clínica que se lleven a cabo en nuestros países. En concordancia con ese objetivo, el Programa Regional de Bioética publicará próximamente una revisión actualizada de las Normas de Funcionamiento de Comités de Etica Hospitalarios y de Investigación, con un adennum ajustado a cada realidad nacional.

Quizás me he extendido mucho esta visión histórica del desarrollo del pensamiento ético en el campo de la investigación en seres humanos, pero es necesario tomar en cuenta estos antecedentes para comprender que la preocupación por las consecuencias de los actos médicos clínicos y de investigación clínica no es algo circunstancial, sino que obedece a un proceso de cambios enorme en el ámbito de la medicina y la salud, en el curso de la historia. Que esto que ha ocurrido está de nuevo en pleno proceso de revisión por los cambios que se avizoran día a día, no es tampoco materia desconocida para nadie. Lo que aún ignoramos son las consecuencias que tendrán para nosotros y las generaciones futuras, ya que recién comienzan a escribirse.

II. PRINCIPIOS ETICOS GENERALES

El vertiginoso avance que ha experimentado en los últimos cincuenta años la ciencia y la tecnología en el ámbito de la salud y en la práctica de la medicina obligan a replantear la forma en que debe enfrentarse ese progreso desde una perspectiva moral. Los anuncios que observamos en estos días para el próximo milenio, en ingeniería genética, en cáncer, en fertilización asistida, en aumento de la expectativa de vida, en implantes biológicos de microchips, en telemedicina, sólo por mencionar algunos, nos llevan a preguntarnos si está preparado en hombre de ciencia, el investigador, para considerar siempre -dentro de su ansia de conocimiento- el necesario resguardo por los derechos de las personas que serán sujetos de la aplicación de dichos avances científicos. En buenas cuentas, si sabrá aplicar la debida prudencia -la phronesis de los antiguos griegos- junto con la técnica, el arte -la téchne- en su investigación, dando cuenta así de los dos saberes prácticos definidos por Aristóteles y que se relacionan íntimamente con la ética (la prudencia) y la ciencia (la técnica).

No cabe dudas que debe estimularse el desarrollo de la tecnología biomédica a través de investigación científica de buen nivel, pero al mismo tiempo debe evitarse los posibles excesos derivados de la metodología que necesariamente debe utilizarse para que los resultados sean válidos.

En efecto, como sabemos, el método científico habitual en investigación clínica comienza con la elaboración de hipótesis, que luego se someten a pruebas de laboratorio y con animales experimentales. Por último, para que las conclusiones sean clínicamente útiles, los ensayos clínicos deben realizarse en seres humanos.

Por lo tanto, ese tipo de investigación, aunque sea diseñada con el máximo cuidado, supone riesgo para las personas. De acuerdo a lo señalado por la OMS: "dicho riesgo se justifica no porque signifique un beneficio personal para el investigador o la institución investigadora, sino más bien porque se beneficiará a las personas participantes, y por su posible contribución al conocimiento humano, al alivio del sufrimiento o a la prolongación de la vida".

Para que se cumplan esas premisas básicas, toda investigación o experimentación realizada en seres humanos debe hacerse de acuerdo ciertos principios éticos fundamentales, que han sido mencionados profusamente al hacer el relato histórico del comienzo y que, con fines didácticos, podemos sistematizar como sigue:

El respeto a las personas (principio de autonomía), la búsqueda del bien (principios de beneficencia y no-maleficencia) y la justicia. En general, hay acuerdo que estos principios -en teoría de igual fuerza moral- son los que guían la preparación prolija de protocolos para estudios científicos. En circunstancias diversas pueden expresarse de manera diferente y también ponderarse en forma distinta desde el punto de vista moral, y su aplicación puede dar lugar a decisiones o cursos de acción diferentes. Esta trilogía -como se señaló anteriormente- fue la definida en el Belmont Report y luego se ha visto que es aplicable no sólo a la investigación sino también a la toma de decisiones racionales en la clínica misma.


1. El respeto a las personas incorpora al menos dos consideraciones éticas fundamentales:

- el respeto a la autonomía, que exige que a quienes tienen la capacidad de considerar detenidamente el pro y el contra de sus decisiones se les debe tratar con el debido respeto por su capacidad de autodeterminación, y

- la protección de las personas con autonomía menoscabado o disminuida, que exige que quienes sean dependientes o vulnerables reciban resguardo contra el daño o el abuso

Los ensayos clínicos en seres humanos deben respetar fundamentalmente el principio de autonomía de la persona humana, a través de la aplicación del consentimiento basado en una amplia y profunda información referente a su participación en la investigación, considerando su capacidad y respetando los grupos vulnerables.

El principio de la autonomía se basa en el fundamento de que el sujeto tiene la capacidad de darse a sí mismo su actuar como persona, es decir, determinar su propia norma. En forma autónoma tiene la libertad de elegir, aplicando su propio razonamiento y -de acuerdo al análisis de los aspectos positivos y negativos- determinar cual será su conducta frente a una determinada situación.

La autonomía es, operativamente, un acto de elección que debe reunir tres condiciones: intencionalidad, conocimiento y ausencia de control externo.

- La intencionalidad se tiene o no se tiene, no tiene grados; existe cuando es querida o deseada de acuerdo a un plan, constituyendo actos deseados.
- El conocimiento se refiere al grado de entendimiento o comprensión de la acción, cuando se entiende su naturaleza y se prevén sus consecuencias. La comprensión debe ser adecuada y completa.
- La ausencia de control externo puede verse afectada por la coerción, la manipulación y la persuasión.
- La coerción se refiere a la influencia intencional y efectiva en una persona bajo amenaza de provocación de daños indeseados y evitables.
- La manipulación es la influencia "intencional y efectiva de una persona por medios no coercitivos, alterando sus elecciones reales.
- La persuasión es la influencia intencional de inducir a aceptar libremente creencias, actitudes y/o valores del persuasor.


En síntesis, respetar la autonomía significa dar valor a las consideraciones y opciones de las personas autónomas, y abstenerse a la vez de poner obstáculos a sus acciones, a no ser que éstas sean claramente perjudiciales para los demás (por la primaria de los principios de no-maleficencia y justicia).


2. La búsqueda del bien, se refiere a la obligación ética de lograr los máximos beneficios y de reducir al mínimo el daño y la equivocación (relación riesgo/beneficio). Este principio da origen a normas, para que los riesgos de la investigación sean razonables frente a los beneficios previstos, que el diseño de la investigación sea acertado y que los investigadores sean competentes, tanto para realizar la investigación como para salvaguardar el bienestar de las personas que participan en ella.

La búsqueda del bien además significa condenar todo acto en que se infrinja daño en forma deliberada a las personas; este aspecto de la búsqueda del bien se expresa como un principio distinto, la no-maleficencia (no causar daño).

Ambos principios, de beneficencia y de no-maleficencia -como se ha dicho- se basan en el concepto de maximizar los beneficios y minimizar los daños, cumpliendo con el principio de "la proporcionalidad entre el bien buscado y el medio empleado". Por lo tanto, se deben conocer los riesgos y luego definir claramente cuándo y en qué condiciones se justifica acceder a los beneficios, a pesar de los riesgos de daños posibles o predecibles.

Hay que diferenciar el principio de "no-maleficencia", del de "beneficencia". El primero, según Diego Gracia, "obliga a todos de modo primario y por lo tanto es anterior a cualquier tipo de información o de consentimiento". Así como hacer el bien es una aspiración y tiene que contar con el consentimiento de la persona, no hacerle daño es una obligación, aunque la persona quiera lo contrario (el "Primun non nocere" hipocrático).

Según estos conceptos, ha variado rotundamente el paternalismo hipocrático clásico, de una posición impositiva y autoritaria (basada en la "intención" subjetiva) a una de respeto por las personas y validación de los objetivos (basada en criterios "informados" objetivos).

En relación con el principio de beneficencia, es éticamente fundamental respecto a la investigación en seres humanos, la validez en cuanto a que el sujeto acepte su participación conociendo los riesgos predecibles y que estos no sean mayores que el riesgo mínimo. Entra entonces, el concepto del poder de decisión que tiene la persona en la elección de su propio beneficio, al aceptar o rechazar ser sujeto de investigación y en relación con su capacidad de sujeto competente.

Una de las excepciones al consentimiento informado en la investigación clínica es la disminución del sensorio o de la conciencia o la ausencia del juicio, que podría ser aplicable a quienes presentan cuadros demenciales avanzados o de tipo psicótico, a los deficientes mentales y a los niños (aunque en éstos últimos se ha desarrollado el concepto de "menor maduro" que les otorga desde cierta edad el derecho a opinar y decidir). La determinación de incompetencia debe hacerse antes de la inclusión de la persona en el protocolo de estudio, por profesionales ajenos al mismo y con la debida notificación judicial que determine su interdicción y el nombramiento de un tutor legal que puede tomar la decisión por él. Nótese que estamos hablando de capacidad o incapacidad mental para decidir la participación en un estudio clínico, no para una intervención terapéutica, en la que indudablemente existen otros factores a considerar en las excepciones al consentimiento informado.

Para efectos prácticos, las personas con capacidad de juicio disminuido, ya sea por su edad o por su capacidad mental disminuida al grado de no ser capaz de tomar decisiones por si mismo, deben ser incluidos dentro de los grupos vulnerables.

La vulnerabilidad se refiere a la acentuada incapacidad de una persona de proteger sus propios intereses debido a impedimentos tales como su imposibilidad para dar un consentimiento informado, no poder recurrir a otra forma de obtener atención médica o de satisfacer otras necesidades costosas, o ser un miembro de nivel inferior o subordinado de un grupo jerárquico. Se deben establecer disposiciones especiales para la protección de los derechos y el bienestar de estas personas, con una supervisión muy estrecha de su cumplimiento por parte de los Comités de Etica que han de evaluar los protocolos y seguir el desarrollo de las investigaciones.

3. El principio de la justicia se refiere a la obligación ética de tratar a cada persona de acuerdo con lo que es moralmente correcto y apropiado, de dar a cada persona lo que le corresponde.

En la ética de la investigación con seres humanos, es especialmente aplicable el principio aristotélico de la justicia distributiva, que exige la distribución equitativa tanto de los costos como de los beneficios de la participación en actividades de investigación. La equidad puede ser vista de distintas maneras, pero parece más cercana a nuestra visión solidaria de la sociedad el "dar a cada cual según su necesidad". Las diferencias que puedan ocurrir en esa distribución se justifican sólo si se basan en distinciones que sean pertinentes desde el punto de vista moral, como lo es la vulnerabilidad,

La aplicación de estos principios en la conducta que se debe seguir para la evaluación ética de un protocolo de investigación exige, por lo menos, los siguientes requerimientos: consentimiento informado, valoración de beneficios y riesgos y selección equitativa de los sujetos de investigación.


III. ANALISIS ETICO DE LOS PROTOCOLOS DE INVESTIGACION

Respecto de la metodología del análisis ético de los protocolos, un modelo bien conocido es el de Nebraska, propuesto en 1987 por Prentice y Antonson, que ha sido simplificado en España posteriormente, estableciendo los siguientes aspectos a considerar en cada protocolo que se revise:

1. ¿Plantea el ensayo clínico una pregunta científicamente válida?
2. ¿Es el diseño propuesto apropiado para obtener una respuesta clara a la pregunta que se plantea?. ¿Es el coste humano excesivo en término de riesgo, disconfort o número de sujetos?.
3. ¿Cómo van a ser reclutados los sujetos de experimentación?. ¿Se les ofrecerá alguna recompensa por participar?.
4. ¿Qué se les explicará a los pacientes sobre la investigación?. ¿Cómo y en que términos les será pedido su consentimiento para participar en el estudio?.
5. ¿Exactamente a qué situaciones y procedimientos estará sometido el paciente?.
6. ¿En qué circunstancias el paciente será retirado del estudio?.
7. ¿Cómo será indemnizado el paciente en caso de sufrir daño injustificado durante la investigación?.
8. ¿Qué derechos tienen el investigador, el promotor del estudio y el paciente en relación con los datos obtenidos del estudio y su eventual publicación?.

El Bioeticista, médico y filósofo, español Diego Gracia, propone un nuevo modelo, basado en el análisis racional de problemas, similar al que se utiliza para la revisión ética de historias clínicas.

IV. COMENTARIO

La creación de normas éticas que regulen la investigación clínica es fundamental para resolver el grave problema de indefensión en que se encuentra nuestra población en este ámbito. Además, pueden dar a los investigadores y a las instituciones una orientación ética y una ordenación de exigencias técnicas que les permita cumplir cabalmente con su interés de ayudar a la sociedad a través del avance de la ciencia.

Sin embargo, la regulación ética de la investigación científica en seres humanos implica además un compromiso de las autoridades responsables del bienestar de la población, para dar cuerpo legal a estas disposiciones que -de otra forma- sólo existirán como "recomendaciones éticas", sin una base de apoyo real y consistente para su obligatoriedad en la práctica clínica.

Para ello es indispensable que se constituyan Comités de Ética orientados específicamente a la evaluación técnica y ética de los protocolos de investigación clínica. Sus integrantes deben reunir requisitos de idoneidad tanto en el plano científico como ético, los que podrán lograr a través de programas de capacitación especialmente en el área de la Bioética. He aquí otra responsabilidad que deben asumir las instituciones y el Estado, para disponer de profesionales calificados en este campo.

El problema de los "límites"

Las consideraciones anteriores expresan una preocupación de la comunidad que se ve fuertemente ligada a la ética y la bioética, por la influencia que el conocimiento científico puede tener en las futuras generaciones, al existir la posibilidad cierta de investigar en seres humanos teniendo como límite sólo la imaginación de quienes disponen de las técnicas necesarias. ¿Es sólo ese el límite que debe tener el desarrollo biotecnológico o debe haber otros mecanismos regulatorios? Esta regulación debe ser establecida por los propios científicos o por la sociedad en general, a través de leyes y normas?

Precisamente a este tema se ha referido el connotado bioeticista Daniel Callahan, Presidente del Hastings Center. El señala: "Tenemos que decidir en que magnitud queremos que nuestra sociedad aliente o descorazone la investigación y desarrollo en esta área. Tenemos que considerar el problema de los límites. ¿Hay límites aquí?, y si es así, ¿cómo los descubrimos, cómo los aceptamos y cómo los ponemos en vigor?. Tenemos que decidir quien es el que toma las decisiones, que decisiones se pueden dejar a las personas individualmente, cuales a la comunidad científica, y cuales deben ser decididas colectivamente y constituir materias de legislación y políticas públicas".

Agrega Callahan: "Hay pocos métodos éticos que ayuden a dar respuesta a estas preguntas. En gran parte, muchos de ellos están determinados más bien por la experiencia, por las diferentes maneras en que la gente evalúa el mundo, su propia experiencia y su propia sociedad. Si uno está cansado del progreso, y piensa que el dinero es algo generalmente malo, y busca el bien social en lugar del beneficio individual, si al final agrupa todos esos valores, probablemente será resistente a la biotecnología. En cambio, se puede adoptar otro sistema de valores e impulsar la biotecnología hacia adelante". En este sentido, Callahan plantea la necesidad de una "política moral", para decidir sobre un cierto rango de actividades aceptables o inaceptables, ya que muchos de estos temas no se pueden resolver por una simple ecuación moral.

Nuestras sociedades deben procurarse los medios políticos, sociales y económicos que permitan dar respuesta a esa interrogante de los "límites de la ciencia", a través de mecanismos regulatorios que respeten, tanto la libertad de los científicos para avanzar en un progreso que beneficiará al ser humano, como la libertad de las personas para decidir que les conviene o no, según su propia escala de valores morales.

Ahora bien, por mucho que se legisle y se norme, por más que se llegue a acuerdos entre países y dentro de las sociedades en torno a este tema, quienes siguen teniendo toda la potencialidad que su mente y los recursos económicos les permitan, son los científicos y las entidades patrocinadoras de estas investigaciones. El riesgo de la comercialización en la investigación científica, introduciendo una variable económica de muchos millones de dólares en la toma de decisiones sobre qué investigar y qué producir, es una realidad innegable en muchos países.

Solamente una visión ética y bioética que surja de la reflexión de los propios científicos y que sea inducida progresivamente a todos sus pares utilizando los mecanismos de difusión de conocimientos y autocontrol que les son propios (Congresos, publicaciones, work shop, etc.) podrá permitir que se establezca un campo de acción delimitado y respetado. Curiosamente los instrumentos que dan la ética y la bioética para abordar el problema son poco recurridos, quizás porque su mediatización impide la radicalización en que algunos han caído y brinda precisamente elementos equilibrados para el pensar colectivo.

Una breve y rotunda conclusión que se puede obtener de todo lo expuesto es que la biotecnología está al servicio de la humanidad y no podemos quedar ajenos a sus beneficios, pero tampoco podemos soslayar el riesgo que suponen para las personas en su dignidad humana. Y éste es un imperativo ético.

Lograr estos objetivos es una aspiración y un desafío en los que la Organización Panamericana de la Salud ha comprometido sus mayores esfuerzos, por lo que mi presencia en esta oportunidad obedece a esa inquietud. Desde ya les invito a sumarse, aunando esfuerzos que permitan proyectar estas propuestas a los responsables de la toma de decisiones en los diferentes ámbitos de acción relacionados con la investigación en seres humanos.

Tomado de http://www.bioetica.uchile.cl/doc/normas.htm


domingo, 30 de enero de 2011

Convierten de forma directa células de la piel en cardiacas



Según 'Nature Cell Biology'
MADRID, 30 Ene. (EUROPA PRESS) -


   Investigadores del Instituto de Investigación Scripps en La Jolla (Estados Unidos) han desarrollado un método para convertir fibroblastos de ratón en células cardiacas contráctiles utilizando factores que suelen emplearse para la reprogramación de células diferenciadas a un estado pluripotente. 

   La técnica, de la que los investigadores informan en la edición digital de la revista 'Nature Cell Biology', podría representar una alternativa, posiblemente más rápida, para obtener células para estudiar alteraciones cardiacas en el laboratorio.

   Los investigadores de células madre han intentado obtener células del músculo cardiaco contráctiles, denominadas cardiomiocitos, para conocer las bases de los síndromes asociados al corazón a través de células aisladas de pacientes, como las células de la piel. Dado que el corazón de los mamíferos carece de una capacidad regenerativa importante, estos métodos podrían utilizarse en un futuro a través de trasplantes.

   Los científicos, dirigidos por Sheng Ding, expresaron en fibroblastos de ratón factores que suelen revertir el destino celular a un estado indiferenciado y situaron las células en una solución definida químicamente que contenía moléculas favorables al desarrollo cardiogénico. 

   Los autores descubrieron que en vez de la reprogramación a un estado pluripotente, las células se ajustaron hacia un linaje cardiaco y formaron de forma espontánea agregados contráctiles de cardiomiocitos diferenciados.

   Al evitar la necesidad de revertir las células a un estado pluripotente por completo antes de rediferenciarlas en cardiomiocitos, este método podría proporcionar un 'atajo' para obtener células que podrían utilizarse en el estudio en el laboratorio de las alteraciones cardiacas.


Tomado de: Europapress.es

Tragedia en la primer semana de clases

Termino la primer semana de clases en la USAC lamentablemente esta inicio con el fallecimiento de un destacado compañero, Byron Corado, de la facultad quien era becado, víctima de la delincuencia que se vive en Guatemala y en el transcurso de la misma se  dieron varios hechos mas que fueron una agresión mas a la universidad. 

La violencia en mi país se debe a las condiciones de pobreza extrema que se viven las cuales provocan un clima ideal para que grupos criminales proliferen y corrompan al guatemaltecos mas una cultura que no solo no castiga algunos tipos de corrupción sino los refuerza positivamente.

Viéndolo desde el punto de vista medico esta situación provoca grandes gastos en la atención a personas víctimas de la violencia además del impuesto de la corrupción de muchos profesionales de la salud, entre otros profesionales, por la falta de ética. 

Y por si no fuera suficiente se suma a esto la insensibilidad social de otros médicos mas, de la USAC, que han olvidando que el pueblo pago sus estudios y hoy venden sus servicios a un precio inaccesible, no se trata tampoco de no cobrar, pero ayudar en la medida de lo posible a quienes menos tienen.

Creo que al final esto es resultado de la indiferencia de la población en general y del San carlista en particular y no creo que se limite solamente a Guatemala , si queremos hacer un cambio verdadero sera después de que nos pongamos a reflexionar y decidamos hacer un cambio sobre las actitudes que tomemos hacia los demás y como podemos juntos salir adelante.

Mientras tanto seguiremos expuestos a la violencia y rezar porque no tengamos otra tragedia que lamentar.


sábado, 22 de enero de 2011

Juramento del Estudiante de Medicina


Yo, Estudiante de Medicina ferviente devoto de la ciencia, ávido de saber y conocer, deseoso de arrancar a la vida sus mas recónditos misterios y porque el bien moral y la tranquilidad de una vida justa y sincera llegue a mi, porque mi actuación en mi escuela, en la profesión de mi carrera y en mi existencia social alcance la mas completa honradez, con la voluntad firme, inquebrantable y dispuesta al sacrificio por el alivio de la doliente Humanidad a quien deseo servir: por mi adorada madre, santa mujer a quien debo la vida.

Juro: Por cuantos medios me sean posibles, perfeccionarme en el alma y en el cuerpo para ponerme en aptitud de procurar mi propio bienestar, así como el de los demás hombres, el de los seres que de mi dependen inmediatamente y el engrandecimiento de mi Patria.

Juro: Desde el momento en que me considere miembro de la Facultad de Medicina, tener el deseo exclusivo de adquirir conocimiento que puedan ser me útiles para servir a la Humanidad, desposeído de toda idea lucrativa.

Juro:
Que dentro del Plantel Educativo, conduciré mis actos con rectitud, honestidad y decencia, hacia el prestigio de mi Casa de Estudios

Juro: Identificar el respeto que me afecta mi escuela con el de mi propio Hogar, el de mis Maestros con el de mis Padres, y el de mis compañeros con el de mis hermanos, respetando sus derechos y desechando todo egoísmo hacia ellos.

Juro:
Que a los maestros y Autoridades en general prodigaré las atenciones y respetos que merecen.

Juro: Cooperar con los mismos, a la buena conservación y mejoramiento, si es posible, de muebles, instrumentos de experimientación, libros y todo medio útil para la mejor preparación del Estudiante.

Juro: Cumplir con el deber que como Estudiante me he impuesto, correspondiendo asi a los esfuerzos del Maestro

Juro: Cooperar durante la clase a la conservación del orden, no distrayendo la Atención del Maestro y Compañeros.

Juro: Desde ahora hacer propio el dolor de los que sufren, y de acuerdo con mis conocimientos poner a su disposición mis servicios, lo que haré con satisfacción y empeño.

Juro: Que nunca, por temor a crítica, tomaré a mi cargo lo que mis conocimientos no me autoricen, evitando así poner en peligro la vida del enfermo y el prestigio de la Casa de Estudios

Juro: Apartarme de todo aquello que ponga en peligro mi carrera, la que debo profesar, amar como una revelacion de mi propio destino.

Juro: Oír el consejo de mis padres, seguir el ejemplo de mis maestros y conservar su recuerdo con veneración y gratitud.

Si cumplo este Juramento, mi Patria y mi conciencia, mis padres y mis maestros, mis hermanos y mis compañeros me lo premien y si no, me lo demanden

viernes, 21 de enero de 2011

EL PRIMER CONTACTO CON EL PACIENTE

Un excelente ensayo sobre la ética medica que debe de conocer y hacer suya el estudiante de medicina, el cual es una de las lecturas de primer año en la Universidad San Carlos de Guatemala.


Diálogos y ensayos universitarios

EL PRIMER CONTACTO CON EL PACIENTE
Desafíos éticos para el estudiante de medicina


José García Noval2


Hace ya varias décadas, el doctor Carlos Martínez Durán, médico patólogo, que fuera el primer rector electo de la USAC en pleno goce de su autonomía (y hay que decir, uno de los rectores más ilustres de nuestra Alma Mater), luchaba por hacer de los universitarios algo más de lo que él llamaba “tecnicones incultos”. Él estaba convencido que la única forma de ejercer con plena conciencia, es decir, con inteligencia, era fundamentando nuestro que hacer con una racionalidad humanista y ello significa, necesariamente, una filosofía de vida. Idea que implica, además, diferenciar y a la vez de hacer compatible una racionalidad de fines con una racionalidad de medios. Este convencimiento se actualiza, hoy en día, con la apertura de espacios a la ética como disciplina fundamental en las academias médicas, quizás por el hecho de identificar en las sociedades contemporáneas lo que algunos llaman crisis de sentido y crisis de valores.


Me solicitaron que les diera una charla sobre un tema de ética médica: El primer contacto con el paciente, desafíos éticos para el estudiante de medicina El título me parece de los más sugestivo y oportuno, dado que todos ustedes van a principiar sus prácticas clínicas en los hospitales o en algunas de las clínicas familiares de la capital. Por otra parte, para mi, como estoy seguro para todos sus maestros, el recuerdo de ese primer contacto con el paciente (que el médico y filósofo español Pedro Laín Entralgo prefiere llamar enfermo), constituye una experiencia de gran significado. Es cierto que todos ustedes han tenido ya algún contacto con enfermos, pero es ahora que ese contacto es verdaderamente serio, porque es intenso y cargado de responsabilidad. Les hablaré, entonces, basándome en mi propia experiencia como estudiante, como médico hospitalario y como profesor de esta facultad.


Una aclaración previa. Cuando digo que ese primer contacto es intenso sólo quiero señalar que es como el punto de arranque de una vida profesional que debiera ser siempre intensa. La medicina es una profesión cargada de emociones sin las cuales no merecería la pena vivirla. La emoción de servir a un ser humano que sufre física o moralmente, y ayudarlo a volver a la normalidad, a la recuperación de su integridad, debiera ser siempre lo más relevante pues constituye un fin primario (el enfermo sanado) y la más grata de las satisfacciones legítimas del médico. Hay otras emociones, a primera vista no muy positivas, pero frecuentemente necesarias para cumplir a cabalidad con nuestra misión. Entre ellas, la tensión que provoca el cargar cotidianamente sobre nuestros hombros grandes responsabilidades; las emociones encontradas que provoca la fatiga; la frustración del fracaso; los temores a las reprimendas de los maestros y superiores; las dificultades de entendimiento con quienes nos rodean; los momentos de distensión y alegría entre compañeros y, finalmente, recordando la emoción principal: el generoso agradecimiento del enfermo aliviado y de sus familiares. A quién no llega a experimentar esas emociones, yo podría decirles que están en el lugar equivocado.


Con lo antes dicho, posiblemente ustedes habrán identificado las preguntas fundamentales que deben re-plantearse en este momento. Son esas preguntas que se nos exigen muy temprano, cuando somos casi adolescentes, cuando decidimos estudiar medicina y principiamos nuestra carrera. Es en este momento, de este primer contacto con carga significativa de responsabilidad (para diferenciarlo de los contactos anteriores, bastante más tutelados, que han tenido desde el primer año), que debemos actualizar ciertas interrogantes: ¿Qué nos motivó a estudiar medicina? ¿Persisten en nosotros las mismas motivaciones? ¿Cuáles son ahora? ¿Porqué las he cambiado? ¿Qué coherencia existe entre lo que observamos en la práctica médica y los fines que supuestamente son irrenunciables?


No voy a entrar en detalle, simplemente asumo algo que ya he expresado antes: que el problema mayor es identificar, con sinceridad qué es lo que entendemos los médicos y otros profesionales de la salud como fin último de nuestro trabajo. Esto definirá de manera sustantiva nuestra actitud frente al enfermo. Es decir, ver al enfermo como sujeto (ser con dignidad) o como objeto (ente cosificado) de nuestro trabajo. Es en esta práctica concreta que el ser humano, su dignidad y su sufrimiento tienen poderosos competidores: el lucro, la arrogancia, la “consagración” de la técnica y, por supuesto, el sometimiento racionalizado al mercado, ese becerro de oro que la hipocresía ha convertido en valor ético por si mismo y no en un instrumento al servicio de lo humano.


Dicho esto, así, con mucha rapidez, entro a un terreno práctico. Hay una reflexión de G. Duby que me parece interesante como punto de partida para la charla de hoy:


“Pertenezco a un gremio que tiene sus rituales, sus jerarquías su pequeño terrorismo interno. Mis estrechas relaciones se establecen con mis colegas, con los maestros, con los compañeros que me ayudan y con aprendices que enseño. [...] Este comercio nos hace más eficaces y, por otra parte, es agradable. Sin embargo, estoy convencido de que nuestra profesión pierde su sentido si se repliega sobre si misma. Creo que la historia no debe ser consumida principalmente por los que la producen: Si las instituciones en que se asienta nuestra profesión parecen estar hoy en día en tan mala situación, ¿no será ese mismo repliegue, por haberse separado tanto del mundo?” (G.Duby, 1980)3


Estoy seguro que este párrafo les ha traído inmediatamente a la mente, a quienes ya pasaron por alguna experiencia hospitalaria algunas escenas nacidas de su propia vivencia y, los que no la han tenido la identificarán con suma facilidad. Nos habla de rituales; nuestra profesión está llena de ellos, algunos muy necesarios como los del quirófano o los orientados al decoro profesional para darle confianza al enfermo, otros absolutamente banales que resultan como máscaras de engaño. Nos habla de jerarquías, sobre lo que podríamos decir lo mismo: sería imposible un trabajo eficaz en beneficio de las personas que acuden a nosotros, si no existiese cierto orden jerárquico en la toma de decisiones; pero a la vez existen también jerarquías arbitrarias que provocan ese terrorismo, que se menciona en el párrafo de Duby, cuyas consecuencias son nefastas para nuestro bienestar emocional y, especial e indirectamente, para el enfermo. Se mencionan las estrechas relaciones entre colegas, maestros y estudiantes que no son, nunca, vectores que funcionan únicamente en dos direcciones (maestro-estudiante, o colega-colega, por ejemplo) siempre hay un tercero que vive, se beneficia o resulta víctima de esas relaciones. Es ese tercero que debería ser siempre el primero como sujeto fin de nuestras preocupaciones (ustedes saben a quien me refiero). Es evidente que, para lo que nos interesa como profesionales de la medicina, la anterior reflexión de Duby no menciona dos personajes importantes: el sujeto fundamental, el enfermo y el trabajador no médico de la salud (aunque ese no es defecto del texto citado ya que su destino es otro). Pero esas no son las únicas ideas rescatables de un texto que merece un mayor esfuerzo hermenéutico. Hay otras ideas a las que solemos poner menos atención cuando hablamos de ética en medicina. Quisiera retener fundamentalmente la de “ejercicio profesional agradable” “replegarse sobre si mismo y separación del mundo” y, finalmente una que engloba muchos de los problemas identificados en la práctica médica: “la pérdida de sentido”. Todo esto tiene que ver con eso que llamamos ética.


No cabe duda que si vamos hablar de ética médica, por donde debemos principiar es por poner el acento en el sentido de la profesión médica. Si definimos bien ese “sentido” con toda seguridad nos será más fácil decidir sobre lo que debemos hacer y lo que, radicalmente, no podemos hacer como médicos. Toca aquellas acciones obvias y otras que no parecen tan obvias. Esa definición nos servirá, como dijimos antes, para guiar de manera sustantiva nuestra actitud ante el enfermo, es decir, de verlo como sujeto o como objeto (ente cosificado) de nuestro trabajo. Estoy seguro que todos estaríamos de acuerdo que al enfermo deberá vérsele como sujeto, investido de la dignidad inherente del ser humano. Pero esto, que es fácil de expresar en el discurso y que quizás forme parte de nuestro primer plano de conciencia, tiene dificultades el hacerlo efectivo en la vida real. Una visión crítica de la práctica cotidiana de la medicina nos dará innumerables ejemplos de transgresiones a ese deseo.


En este sentido la ética nos ayuda a someter a prueba nuestra conducta médica cuando la contrastamos con normas, principios y la teoría emanada de la reflexión filosófica. Partamos de algunas normas y principios que gozan de amplia aceptación bioética actual como requisitos para la buena práctica médica y que, por lo tanto, deben formar parte de sus conductas desde el momento en que están frente al primer enfermo que deban atender:


Los principios de beneficencia y no maleficencia


Estoy seguro que son estos principio lo que, en general, guía de manera relevante al estudiante que principia sus prácticas con responsabilidades asistenciales. La palabra beneficencia trae de inmediato a la memoria un sentido no muy sólido en términos de dignidad humana: el de paternalismo o el de una suerte de caridad muy vertical. En realidad, aunque el concepto y sentido nacen efectivamente de una visión paternalista de la relación médico-enfermo, en Ética Médica (o en Bioética) tiene un sentido más profundo. Dicho de una manera muy breve, el ejercicio del principio de beneficencia busca hacer el bien. Salvar la vida de un enfermo, evitarle el dolor, devolverle sus facultades para su normal desenvolvimiento en la vida e, incluso, ayudarlo al bien morir, constituyen un elemento básico de la práctica clínica. Sin este objetivo la medicina no tendría sentido. En otras palabras, sin este principio en mente ningún otro tiene, siquiera, la posibilidad de existir. Por otro lado, también existe el principio “gemelo” que algunos consideran como el fundamental, el de no maleficencia (“primun non nocere”), que ustedes deberán tener en cuenta desde el primer día de práctica. Toda intervención médica debe intentar por todos los medios no causar daño (nótese que digo intentar por todos los medios). Ustedes no deberán y nadie podrá obligarlos a realizar una tarea que no esté dentro de sus capacidades. No digo dentro de sus obligaciones, porque es posible que se enfrenten a situaciones en que se les asigne una tarea que debieran conocer y realizar con pericia, pero por indolencia o alguna otra razón ustedes no la saben hacer y, de hacerla, comprometen el bienestar del enfermo. En este caso, ustedes deberán reconocer modestia e hidalguía su falta y asumir sus imitaciones.


Sabemos que no siempre es posible hacer el bien y no siempre es posible evitar el mal, pero estas posibilidades sólo puede justificarse en circunstancias muy estrictas que podríamos resumir en dos: a) aquellas en que a pesar de la buena voluntad y los esfuerzos humanamente correctos, no es posible lograr el fin deseado y b) lo que conocemos comúnmente como dilemas éticos (pongan atención a este concepto); situaciones en las que la consecución de un bien causa, irremediable y simultáneamente, un mal; es decir, tenemos que escoger entre el cumplimiento de un valor y el desmedro del otro (salvar la vida de la madre a costa de la vida del feto; violar el principio de confidencialidad para garantizar la seguridad o la vida de un tercero).


Ustedes, como todos los médicos vivirán dilemas, sin embargo, en la gran mayoría de circunstancias sus actos podrán ser resueltos con más claridad y sus actos deberán orientarse a cumplir con los dos principios mencionados.


Principio de autonomía


Dije antes que el principio de beneficencia partió de una concepción paternalista, basado en una interpretación de la ley natural. Tal principio, aunque necesario no es suficiente para garantizar la dignidad del enfermo. El principio de beneficencia, considerado aisladamente nos concedió a los médicos excesivo poder. Prácticamente dejaba en nuestras manos todas las decisiones relacionadas con en enfermo. Los avances tecnológicos vinieron a aumentar ese poder. De ahí nació la preocupación por establecer una relación más equilibrada entre médico y enfermo y, con ello, la vigencia del principio de autonomía; es decir, el que reconoce la capacidad de una persona de gobernarse a sí misma. En otras palabras, los médicos debemos ser capaces, ahora, de discutir más con el enfermo sus problemas y respetar, en general, sus decisiones. Digo en general porque hay excepciones bien definidas a esta norma (otras son situaciones complejas, verdaderos dilemas).


Principio de Integridad


Las excepciones a la norma, los dilemas que se derivan en ocasiones del enfrentamiento entre el principio de beneficencia, el de autonomía y la libertad de conciencia del médico hicieron que Edmund Pellegrino planteara revisar y reforzar el sentido de la autonomía. Nos propuso entonces el Principio de Integridad. Es necesario, dice Pellegrino darle integridad al acto. Los elementos centrales para ello, en mi opinión serían, por una parte el esfuerzo de interacción positiva de los sujetos actuantes (médico-enfermo). No se trata de lavarse las manos con una nota de descargo cuando un paciente no acepta el tratamiento. Eso puede ser cómodo e irresponsable. Se trata de utilizar todos los medios justos y razonables para que el enfermo entienda nuestro punto de vista. El único medio eficaz es ¡la palabra! Y al decir la palabra estoy pensando en un médico (y para el caso, un estudiante) que tiene una tremenda interacción con el enfermo y que sabe hacerlo adecuadamente; un médico que sea en primer lugar bien intencionado (honesto), que sea capaz (que sabe de lo que está hablando), que respete y vea al paciente como una persona con la misma dignidad (usa el tono correcto, generalmente afable, ocasionalmente severo, según el caso; no es malhumorado ni menos insolente o arrogante). En pocas palabras, se da su tiempo para interaccionar.


El otro elemento importante del Principio de Integridad es que toma en cuenta también la autonomía del médico. El médico es una persona con dignidad y, por lo tanto, no está obligado a realizar un acto que contraviene sus valores.


Existen otros principios importantes en Ética Médica, por ejemplo el de confidencialidad, que no podremos abordar hoy. Ya tendrán ustedes la ocasión de discutirlos, idealmente relacionados con casos extraídos de sus vivencias.


Sin embargo, quiero aprovechar la ocasión para plantearles algunos problemas que me preocupan y que tiene relación con lo ya antes dicho y de lo que algo encontramos en el párrafo citado de Duby (lo cual nos da muestras de ser un fenómeno generalizado en la profesión médica):





1.

Su responsabilidad primaria individual: estudiar y actuar conscientemente

Ahora, más que nunca, entenderán a sus maestros que desde el primer año de la carrera les insistieron sobre la necesidad de prepararse adecuadamente para los desafíos del futuro. Ese futuro es hoy. Los que se prepararon a conciencia se reconocerán aún débiles frente a las responsabilidades que habrán de enfrentar. Los que no lo hicieron deberán hacer un doble esfuerzo, sin embargo muchos serán capaces de superar la brecha. La experiencia enseña que en este nivel algunos estudiantes realizan un gran salto cualitativo y logran colocarse en primera fila de conocimiento y responsabilidad. Los insto a todos a dar ese salto.


2.

Su responsabilidad colectiva con la institución y su responsabilidad ciudadana

Recordemos esta reflexión de Duby: “… estoy convencido de que nuestra profesión pierde su sentido si se repliega sobre si misma… ¿Si las instituciones en que se asienta nuestra profesión parecen estar hoy en día en tan mala situación, ¿no será ese mismo repliegue, por haberse separado tanto del mundo?”


Estamos acostumbrados (aunque no siempre lo hacemos) a reconocer el valor de la ética profesional en nuestras interacciones personales (médico-enfermo, profesor-alumno, entre colegas, etcétera). Sin embargo, es usual que ignoremos nuestras responsabilidades institucionales y ciudadanas que también corresponden al campo de la ética. Y esas responsabilidades existen aún en nuestros pequeños espacios de práctica. Hay historias que deben rescatarse de las luchas de los médicos por mejorar la atención institucional de los enfermos. Les voy a poner algunos ejemplos. Primero unos positivos: En Guatemala hace unas décadas fueron los médicos (especialmente los residentes) los que se pusieron al frente de demandas por mejoras de los servicios hospitalarios que se encontraban en situación precaria, y para ello tuvieron que enfrentar gobiernos represivos y corruptos. Por otra parte, nuestra facultad realizó un esfuerzo pionero en América Latina por entender las determinantes sociales de la salud enfermedad y actuar en consecuencia a través de prácticas en regiones excluidas.


Lamentablemente hay situaciones negativas que tenemos que enfrentar. La corrupción gubernamental es un fenómeno que se ha agigantado con el tiempo y, ustedes son testigos, desafortunadamente han afectado los servicios de salud (hoy la situación hospitalaria es aún más precaria que décadas atrás, y eso no se explica únicamente por la macroeconomía). Los médicos hemos dicho poco, a pesar que la situación de los enfermos y las comunidades es angustiosa. Hay esfuerzos encomiables de colegas que trabajan desesperadamente con los recursos de que disponen, pero las respuestas colectivas son pocas (aunque no es difícil entender porqué).


Por otro lado, es preocupante que el deterioro y la ausencia de compromiso social haya alcanzado instituciones que en un tiempo no estaban afectadas por la epidemia. Eran instituciones “razonablemente limpias” y comprometidas con proyectos valiosos. Nuestra universidad es un ejemplo. Recordemos nuestras autoridades de otrora, rectores como Carlos Martínez Durán, Jorge Arias de Blois, Rafael Cuevas del Cid, Edmundo Vásquez Martínez, Saúl Osorio Paz etcétera. Aunque había diferencias ideológicas importantes entre ellos algunas cosas debemos decir en justicia: su clara inteligencia, su elevado nivel académico y su integridad probada, pero que, sobre todo representaban ideales de una comunidad académica.


Dije antes que ahora tendrán que reconocer las razones de sus maestros que los urgían a formarse académica y éticamente. Ahora podrán ser ustedes más críticos de aquellos profesionales que, aunque escasos (en una universidad uno sólo es siempre un exceso), utilizan o utilizaron seducciones ilegítimas (como puntos o preguntas de exámenes) en sus aspiraciones banales y narcisistas de llegar a puestos que no merecen. Aquellos que los obligaron a firmar listas de electores o que faltaron el respeto a la condición de mujer estudiante. Entiendo que esa no es sólo falla y responsabilidad de los “profesores” involucrados, también es una falla de las autoridades que no supieron asumir sus responsabilidades y de los estudiantes mismos. Mi interés ahora es recalcar que el estudiante no debe ser un niño manipulable. Es un adulto joven consciente y responsable. Muchas, si no la mayor parte, de las historias relevantes de la humanidad han sido escritas por la juventud honesta, idealista y consciente.


3.

Superar los vicios que enturbian las relaciones interpersonales y, en última instancia ponen en entredicho la misión del médico.


Recurro a otra reflexión de Duby. “Pertenezco a un gremio que tiene sus rituales, sus jerarquías su pequeño terrorismo interno. Mis estrechas relaciones se establecen con mis colegas, con los maestros, con los compañeros que me ayudan y con aprendices que enseño”.


Me interesa detenerme en esta idea, y con esto termino. Efectivamente nuestra profesión está llena de rituales. Como dije, algunos necesarios (la investidura del cirujano en el quirófano se asemeja a la del sacerdote; la relación con un enfermo o sus parientes habrá que llevarla con cierta sobriedad y decoro, lo cual no significa que pueda ser respetuosamente relajada en ocasiones). Lo malo es cuando el médico se toma muy a pecho cierto ritual, se asume efectivamente como el “sacerdote” poseedor de la verdad última e incuestionable, lo cual desemboca en los linderos del ridículo (aunque debemos tener la precaución de no confundir seriedad, sobriedad, severidad o timidez con la arrogancia). De aquí al “terrorismo interno” no hay más que un paso. Ustedes, en su primer año de externado pueden ser, efectivamente, víctimas de ese “terrorismo”. Van a enfrentarse no solamente a un superior exigente o incluso severo (lo cual no es malo), sino en ocasiones también a ciertas formas de pequeños abusos que pondrán en entredicho su dignidad personal. Estos abusos son debidos (hay que decirlo con franqueza), a ciertas carencias de personalidad cuyos ejes son principalmente la inseguridad en si mismo y algún grado de narcisismo. Les advierto sobre esto por dos razones, la primera es que, de ser así, deben buscar el apoyo de sus profesores en el hospital, y segundo para que de una vez por todas vayan reflexionando e internalizando la convicción de no reproducir tales debilidades en el futuro, cuando ustedes lleguen a ocupar puestos con alguna autoridad. Este es un problema que toca la ética porque toca, por un lado, la dignidad de los estudiantes y, lo que es fundamental, incide en el bienestar de los enfermos. Se preguntarán el porqué de esto último. La respuesta es simple, un mal ambiente de trabajo incide en el rendimiento del personal. La angustia, el mal humor y el cansancio de un médico no son sus mejores aliados para ofrecer lo mejor al enfermo. Por todo ello, todos debemos colaborar para que, sin relajamientos irresponsables y sin abandonar el rigor necesario del ejercicio médico, hagamos de nuestro trabajo, hasta donde sea posible, un espacio de plenitud de vida. Ustedes están, ahora, principiando esta etapa, que deben cumplir con esa aspiración de plenitud de vida. Les deseo a ustedes y sus maestros lo mejor.


1 Documento preparado para la Conferencia Inaugural destinada a estudiantes del 4º Año de la carrera, Facultad de Ciencias Médicas. Universidad de San Carlos de Guatemala. Enero 2003

2 Profesor Titular. Facultad de Ciencias Médicas, Universidad de San Carlos de Guatemala.

3 G. Duby, en Hornstein, Luis (2000:19). NARCISISMO. Autoestima, identidad, alteridad. Paidos.Buenos Aires. 294p.




sábado, 15 de enero de 2011

Planos Anatómicos

    Las descripciones anatómicas se sustentan en cuatro planos imaginarios (mediano, sagital, coronal y horizontal) que atraviesan el cuerpo

El plano mediano o medio: es el plano vertical que atraviesa el cuerpo en sentido longitudinal y lo divide en dos mitades, derecha e izquierda.

Plano Sagital: plano sagital que atraviesa el cuerpo de forma paralela al plano medio. conviene disponer de un punto de referencia y nominar la estructura cortada por el plano al que se hace mención.

Plano coronal: plano vertical que atraviesa el cuerpo de forma perpendicular a los planos medio y coronal; dividiendo el cuerpo en una parte superior (craneal) y otra inferior (caudal)

    La utilidad esencial de los planos anatómicos radica en la descripcion se secciones 

Sección longitudinal: Discurren a lo largo del eje longitudinal del cuerpo o de cualquiera de sus partes.

Sección Transversal: "rodajas" del cuerpo o de sus regiones que se cortan de forma perpendicular al eje longitudinal del cuerpeo de la región concreta.

Secciones Oblicuas: Son cortes del cuerpo que no siguen uno de los planos anatómicos antes dichos, sino que los atraviesan trazando una linea diagonal



(Tomado de el libro: Métodos para el estudio de la anatomía)

sábado, 1 de enero de 2011

Nuevo dia, Nuevo año, Nueva decada Nuevo Blog =)

Después de varios años de bloguear hoy (1/1/11, fecha que no se repetira sino hasta dentro de 1000 años) empiezo este blog, en el cual espero poder contribuir al conocimiento y la formación de los estudiantes de medicina, de mi querida USAC y de todo el mundo, a través de unos cuantos apuntes sobre lo que aprenda durante mis estudios en la medicina,

Espero te llegue a ser de utilidad